Estamos ya en la segunda mitad del año y la simple idea parece abrumadora. Para muchos de nosotros los primeros seis meses del año se han ido de forma un poco borrosa, y sin duda nadie ha tenido el primer semestre que esperaba. Los cambios abruptos, como la cuarentena, y la gran cantidad de incertidumbre a la que nos enfrentamos, han hecho que muchos hayan puesto sus planes para este año en algún cajón olvidado. Me he topado con una gran cantidad de imágenes en internet de personas que aseguran que su agenda 2020 ha sido la compra más inútil en su vida. Lo que me ha llevado a preguntarme ¿Por qué abandonamos nuestros proyectos para este año?

Más allá de la respuesta obvia de que nadie había considerado una pandemia en sus planes, hay algo más profundo. Cuando nosotros nos planteamos una meta o un objetivo que nos gustaría lograr en cierto periodo de tiempo, en teoría tenemos una razón profunda o un deseo claro para hacerlo. Buscamos de alguna manera un resultado deseable para nosotros y algún cambio positivo que contribuya a lo que nosotros queremos. En este sentido, la pregunta sería ¿Qué de eso cambió? ¿Ese resultado o ese cambio positivo dejó de ser importante para mí? o ¿Qué sucedió en el camino?

Soy consciente que hay algunas metas que son difíciles de cumplir dadas las condiciones que vivimos. Viajar, por ejemplo, puede ser bastante complicado en estos momentos. Y sin duda, las condiciones han sido muy diferentes para cada uno de nosotros y debemos considerar que nuestra integridad física y salud mental deberán ser siempre una prioridad. Sin embargo, la invitación es a ir un poco más allá y cuestionarnos si realmente queremos abandonar aquello que teníamos intención de lograr durante este año.

En momentos de incertidumbre se vuelve sumamente importante aprender a ser flexibles, es decir, saber cuándo es necesario cambiar la forma en que hacemos las cosas, y sobre todo, saber cuándo debemos soltar nuestras expectativas y adaptarnos. Una manera de ayudarnos en ese proceso es entender con claridad cuál es la esencia de aquello que queríamos lograr. Una forma fácil de hacerlo es aplicar una herramienta que se llama los 5 Why’s o 5 porqués. El ejercicio es muy simple, lo único que tienes que hacer es tomar la meta u objetivo que tenías y preguntarte ¿Por qué querías cumplirlo? Escribe tu respuesta y vuelve a preguntarte el porqué de eso que escribiste, con cada nueva respuesta vuelve a preguntar el porqué. Así hasta que hayas explorado al menos 5 porqués. Por ejemplo, si mi meta era “Quiero cambiar de trabajo” mi ejercicio podría quedar así:

  • 1er: ¿Por qué quiero cambiar de trabajo? Porque no me gusta dónde trabajo actualmente
  • 2do: ¿Por qué no me gusta dónde trabajo actualmente? Porque me gustaría tener más libertad de tiempo
  • 3er: ¿Por qué me gustaría tener más libertad de tiempo? Porque quiero poder dedicarle más tiempo mis proyectos personales
  • 4to: ¿Por qué quiero poder dedicarle más tiempo mis proyectos personales? Porque me gustaría tener un negocio propio
  • 5to: ¿Por qué me gustaría tener un negocio propio? Porque quiero tener libertad financiera

El ejercicio podría continuar hasta que nos encontremos con una idea que nos haga sentir qué es la razón de fondo. En el ejemplo, podemos ver que no siempre se trata de lo primero que respondemos, en este caso el cambio de trabajo, sino que puede haber un algo más allá, el deseo de tener libertad financiera. Y aunque no pueda realizar tal cual el primer objetivo en este momento, al observar las razones más profundas puedo comenzar a trabajar sobre ellas. Lo que me abre un nuevo abanico de opciones entre las cuáles puedo encontrar una forma para comenzar a caminar en la dirección que deseo. Volviendo al ejemplo para construir libertad financiera puedo comenzar por tomar cursos sobre el tema, hacer un plan de ahorro o de inversión, etc., etc.  

Lo interesante de este ejercicio es que nos permite visualizar la razón de fondo de aquello que estamos planteando y muchas veces podemos notar que la motivación real no era necesariamente lo primero que creíamos, la clave es ser muy honesto con nosotros mismos. Tener claridad en la esencia de lo que buscamos lograr, nos ayuda a que en momentos de incertidumbre como los que atravesamos, podamos adaptarnos y encontrar nuevas oportunidades y opciones a partir de los cuáles cumplir esos objetivos. Se trata de soltar la expectativa de que las cosas sucedan exactamente como yo quiero y abrirnos a la posibilidad de pueda haber otra manera de lograrlo. Es no aferrarnos a la forma y enfocarnos en la esencia. La adaptación no se trata de resignación, ni de forzar las cosas, es encontrar una mejor manera de hacerlas en contextos cambiantes.  

Te invito a sacar tu lista de proyectos para este año y a buscar la esencia de cada uno de tus planes ¿Hay alguno que puedas y quieras echar a andar?

Gracias por leerme, hasta la próxima semana

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