Hace unos días veía una publicación del Laboratorio de futuro que recuperaba uno de los principios más interesantes que presenta el futurólogo Jim Dator para pensar el futuro: “Cualquier idea útil sobre el futuro debería parecer ridícula” La premisa es muy simple los futuros “ridículos” o “absurdos” son muy valiosos para desarrollar nuestra capacidad para diseñar el futuro porque desafían lo que creemos que es posible, es decir, nos hacen pensar fuera de la caja y nos permiten abrirnos a crear posibilidades diferentes. En lo personal esta idea me parece fascinante, sobre todo porque tendemos a pensar que son las tendencias las que crean el futuro, pero hay un rol importante de nuestra capacidad para imaginar algo distinto, pues es esta capacidad la que permite que ese algo sea posible.
En un mundo cada vez más complejo y cambiante, nuestra capacidad para imaginar y visualizar futuros posibles se ha convertido en una herramienta fundamental para navegar la incertidumbre y crear oportunidades significativas. Esta habilidad no es solo un ejercicio de creatividad; es un músculo estratégico que vale la pena desarrollar y fortalecer conscientemente.
Para diseñar un futuro diferente necesitamos poder imaginarlo, porque esa visión de futuro que construimos determina en muchos sentidos nuestra toma de decisiones en el presente. Cuando nos damos la oportunidad de explorar diferentes escenarios futuros, estamos esencialmente creando mapas mentales que nos ayudan a identificar caminos potenciales y, más importante aún, le decimos a nuestro cerebro que busque evidencia en el mundo exterior para llevarnos a esas posibilidades.
¿Por qué es tan importante nuestra capacidad de visualizar el futuro para mejorar el mundo?

En primer lugar, visualizar el futuro nos ayuda a ir más allá de simplemente extender las tendencias actuales de forma lineal e irremediable. Al ejercitar nuestra imaginación, podemos romper patrones establecidos y crear posibilidades verdaderamente innovadoras. Esto implica desarrollar nuestra capacidad creativa para ver algo diferente a lo que ya existe.
En segundo lugar, esta práctica nos permite detectar oportunidades únicas. Al tener una visión clara de hacia dónde queremos ir, nuestro cerebro se sintoniza para identificar los recursos y conexiones que nos pueden ayudar a llegar ahí. Lo que nos permite encontrar oportunidades que de otra forma no seríamos capaces de ver o de crear.
Y en tercer lugar, imaginar diferentes futuros nos hace más adaptables. En vez de simplemente reaccionar al cambio, nos volvemos agentes activos que pueden anticipar y navegar distintos escenarios con mayor facilidad. Esta flexibilidad es crucial en tiempos de transformación constante y son la clave para responder a escenarios cambiantes y fortalecer nuestra resiliencia.
Las ideas absurdas como cuestionamiento del presente
El ejercicio que propone Dator es muy simple, pero profundo. Se trata no solo de generar las ideas más absurdas sobre el futuro, sino de identificar cómo cuando nuestras ideas sobre el futuro nos parecen absurdas hay una serie de creencias o estructuras que pueden estar limitando las posibilidades que creemos que podemos construir. Cuando encontramos que una idea de futuro nos parece absurda puede ser que estemos ante un sistema que damos por hecho y que a veces vale la pena cuestionar para abrirnos a posibilidades más innovadoras. Después de todo, todas las grandes ideas empezaron siendo una idea absurda para muchos.

Como todo la visión de futuro se enriquece cuando la construimos en comunidad. Al compartir perspectivas diversas no solo ampliamos posibilidades, sino que creamos redes de personas comprometidas con hacer realidad esos futuros deseados. De ahí la importancia de que surjan narrativas como el solarpunk, un movimiento en el que se propone imaginar un futuro más optimista y sustentable, donde la tecnología y la naturaleza coexisten en armonía; y no solo las visiones distópicas que nos sentencian a una catástrofe irremediable.
Si bien la imaginación por sí sola no es suficiente, y siempre será necesario pasar a la acción en la construcción de otros futuros. Abrirnos a otro tipo de posibilidades nos permite ser diseñadores activos del cambio. Cierro este artículo con una frase que escuché en una conferencia, hace ya varios años, de otro futurólogo llamado Thomas Frey: “El futuro crea el presente. La mayoría de la gente cree que lo que hacemos hoy determina el futuro, pero es al contrario, las imágenes que tenemos del futuro es lo que construye el presente.”
¿Qué futuro quieres imaginar hoy?