Esta semana ha sido un tanto complicada, al trabajo, las actividades de casa y todo lo que parece suceder alrededor, se han sumado un par de noticias bastante tristes. En momentos así puede resultar complicado mantener el ánimo, sé que no soy la única que ha tenido semanas de este estilo. Desde le inicio del confinamiento todos hemos tenido altas y bajas, momentos mas o menos complicados en los que podemos sentirnos tristes, enojados, o sin ganas de hacer mucho. Cuidar como nos sentimos ha sido una de las tareas más importantes durante este período, reconocer la importancia de nuestra salud emocional no siempre nos resulta tan obvio, pero como he compartido en entradas anteriores, es parte de nuestro propio autocuidado.

He descubierto que estos días nublosos, real y figurativamente, suelen darme mucha perspectiva. El contraste que representan con los momentos brillantes me muestra facetas que de otra forma son difíciles de distinguir. Es por ello que estos días son grandes oportunidades para develar aprendizajes. Admito que no siempre es fácil reconocerlos, sobre todo porque nuestros momentos oscuros suelen implicar emociones muy fuertes que requieren ser sentidas antes de que todo sea más claro. Darnos tiempo de sentir es tan importante como aprender a reconocer nuestras emociones. Identificar y nombrar es un trabajo complejo, pero nos permite desmenuzar lo que sentimos y es así como podemos sanarlo.

Aprender de momentos así nos requiere tiempo, para observar y sentir, pero también apertura para reconocer que de todas las tormentas puede haber algo que rescatar. Las crisis son oportunidades para evolucionar, aun las más difíciles. En esta pandemia nos hemos enfrentado a escenarios que no podíamos prever. A circunstancias que en mayor o menor medida han transformado nuestra manera de entender nuestro mundo y nuestra realidad. Sin embargo, sacar lo mejor de ello depende de nosotros. Las lecciones han sido complejas y duras, para algunos más que para otros, pero hacer que valgan la pena dependerá de nuestra capacidad de resiliencia.  

Creo que no es necesario tener momentos realmente difíciles para rescatar aprendizajes, pero solemos estar más atentos cuando eso sucede. Esa es la facultad que tienen las crisis, cimbran nuestra zona de confort y nos hacen prestar atención a cosas que de otra forma podemos perder de vista, o que simplemente damos por sentadas. Lo importante no es qué nos hace voltear y mirar con atención, lo que vale es que hacemos para aprovechar esa nueva mirada, y como resignificamos aquello que se nos muestra bajo una nueva luz. La pandemia y sus consecuencias son esa crisis que cimbró lo que dábamos por sentado, aquellas cosas que formaban parte de nuestra cotidianidad. Ante este nuevo escenario, hay muchas cosas que necesitamos replantarnos para que estas dificultades nos permitan crecer.

La invitación del artículo de hoy es que mires en retrospectiva y pienses con detenimiento ¿Qué has aprendido de esta experiencia? ¿Qué has descubierto sobre ti o sobre las personas que te rodean? ¿Cuáles han sido las fortalezas que te han sostenido? ¿Qué cosas nuevas has intentado? ¿Cuáles han sido tus áreas de oportunidad? ¿En qué podrías mejorar? ¿Qué es lo que más extrañas? Tómate un café contigo, date un tiempo para ti y escribe cuál será tu cosecha de este momento, que los cielos nublados te muestren el arcoíris.

Gracias por leerme, hasta la próxima semana

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