La burbuja del optimismo

En los últimos días he visto muchísimo contenido orientado a mantenernos positivos, las redes están inundadas de mensajes optimistas que parecen querer borrar la realidad que estamos viviendo. Hay una gran cantidad de frases y discursos que te llaman a estar alegre, motivado y entusiasta. ¿Pero que pasa cuando no eres capaz de sentirte alegre y motivado todo el tiempo? Me gusta sentirme positiva, soy una gran optimista y los que me conocen saben que suelo derrochar entusiasmo. Sin embargo, este llamado al optimismo y la positividad extrema me parece un poco riesgoso.

Si bien es cierto que nuestra actitud ante las cosas determina en gran medida como las interpretamos y en consecuencia como las percibimos, también es cierto que somos seres emocionales. Y nuestro abanico de emociones no puede estar reducido sólo a aquellas emociones que nos hacen sentir bien, hay emociones incomodas y están ahí por una razón. Es importante entender que cada una de nuestras emociones cumple una función, como bien nos mostró la película de Intensamente (Inside Out, 2015), la tristeza, el enojo y el miedo son tan importantes como la alegría. Por ello no podemos hablar de emociones buenas o malas, todas son necesarias aun cuando algunas de ellas sean difíciles de reconocer y de sentir.

Por eso creo que el afán de estar eternamente alegre y motivados puede resultar contraproducente. Todos reaccionamos de maneras distintas al estrés o a las situaciones no deseadas. Hay personas por ejemplo que desde que inicio la cuarentena se ha enfocado en el hacer y tienen mucha energía y empuje para concentrarse en tener resultados. Hay otras personas que han reaccionado con negación y con enojo, otros para los que estos días han sido muy difíciles o tristes, y otros que mantienen el entusiasmo y la alegría. Hay quienes hemos pasado por todas esas emociones en días diferentes. Cada uno tiene distintas formas de reaccionar, que dependen en gran medida de nuestras herramientas emocionales y de cómo estamos acostumbrados a mantener estable nuestro ecosistema emocional.

No podemos centrarnos sólo en el pensamiento positivo para gestionar emocionalmente lo que estamos viviendo. Tan importante como mantener una buena actitud es reconocer nuestras emociones incomodas, porque es lo que nos permite cuidar de nuestra salud mental. Es importante darnos permiso de sentir todas nuestras emociones, todas son necesarias, incluso las desagradables. Las emociones son puertas a nuestras necesidades, nos dicen cuando algo requiere de nuestra atención y cuando nos negamos a sentirlas nos estamos perdiendo la oportunidad de entender esa necesidad y responder a ella. La tristeza, el enojo, la nostalgia, la frustración, el hartazgo todas esas emociones están ahí para decirnos cuando necesitamos ponernos atención, cambiar algo en nuestro entorno, darnos un respiro o pedir ayuda.

Por ello cuando una emoción nos invade debemos darnos la oportunidad de sentirla, detectarla y nombrarla, esto nos ayuda a reconocerla y nos da la posibilidad de traducir la información que esa emoción representa, es decir nos permite interpretar que necesidad me está mostrando y por consiguiente podemos elegir como responder. Este ejercicio no da la posibilidad de reconocer nuestro semáforo de emociones para a partir de ello poder gestionarlas.

Tener una buena actitud y mantener una mentalidad positiva no significa que tengamos que negar lo que sucede a nuestro alrededor y mucho menos que rechacemos esas emociones desagradables. Se vale estar triste, se vale llorar, se vale sentir lo que haya que sentir. Se trata de estar atentos de nosotros mismos, observarnos y saber detectar cuando necesitamos algo. Darnos permiso de manifestar nuestras emociones es parte de nuestro autocuidado.

Gracias por leerme, hasta la próxima semana.

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