Siempre he creído en la importancia de encontrar tu propósito. Saber para qué estás aquí y que es lo que te apasiona hacer, te da un impulso enorme para hacer las cosas y te permite vivir con sentido. Desde hace algún tiempo, he definido mi propósito alrededor de conectar con personas y despertar posibilidades. Me encanta la idea de pensar en mi propósito como la oportunidad de hacer que los ojos de otros brillen, a través de las actividades que realizo. Los talleres, las capacitaciones e incluso este blog me permiten inspirar a otros a abrir su panorama y porqué no imaginar una vida mejor. Encontrar aquello en lo que me siento en mi elemento ha sido sumamente importante, porque me ha hecho tomar decisiones con rumbo establecido y me da la oportunidad de escoger las actividades a las que dedico mi tiempo con base en mi brújula interna.

Sin embargo, he notado que la búsqueda de propósito y la necesidad de encontrarlo y poder definirlo de forma clara y concisa, se puede convertir en una carga para algunos y generar mucho estrés. Se coloca tanta expectativa en tener una vida con propósito y que “impacte” para tener una vida plena, que a veces olvidamos que al final de cuentas se trata también de tener una vida feliz. Por eso considero que encontrar tu propósito no es una meta que cruces y que haga repentinamente que todo esté resuelto, sino que se trata de un proceso que construyes poco a poco y que se convierte en una aventura y un camino que sigues dónde lo más importante no es el destino si no lo que sucede mientras llegas a él.

Tu propósito personal no es algo acabado que descubres un día como una epifanía, y que mágicamente soluciona todo en tu vida, tu propósito es más bien una construcción, que ciertamente te dará mucha más luz sobre lo que quieres hacer y te permitirá tomar decisiones desde otra perspectiva, pero no se quedará estático. Evolucionará contigo y te transformará conforme te acerques más y más a él. Por ello encontrar tu propósito no tiene por qué ser un camino de sufrimiento y lágrimas, sino más bien una aventura, una búsqueda del tesoro dónde lo que sucede en el camino es tan importante como lo que obtendrás al final.

La clave es mantenerse atento a las señales que te dicen por dónde debes ir, es decir, es necesario trabajar mucho con tu autoconocimiento, para identificar así aquellas actividades que te despiertan interés, aquellas que te hacen sonreír con solo pensarlas. Aquellas cosas que te hacen brincar de emoción, me gusta mucho la idea que sostiene Elizabeth Gilbert en su libro “Big Magic” dónde ella dice que es necesario encontrar esa actividad que te hace querer hacerlo todo por ella, aquello por lo que estás dispuesto a hacer el trabajo rudo y ensuciarte las manos en el proceso. Esas actividades son las que te guiarán en el camino a encontrar tu verdadero propósito.

Muy de la mano es encontrar aquellas cosas que te hacen feliz y te hacen sentir entusiasmado y seguirlas. No importa si a momentos no tienen una relación entre sí o parecen sólo actividades sin importancia o hobbies. Si algo te hace feliz, síguelo y atrévete a ver a dónde te lleva y las aventuras que te hará vivir.  Es a partir de las cosas que nos hacen felices que podrás encontrar aquellas actividades que te hacen brillar, aquellas en las que tus talentos se expresan de manera natural y logran hacerte sentir vivo y tu propósito se encuentra justo en esos momentos.

Encontrar tu propósito no tiene por qué ser un trabajo tortuoso por el contrario tu mejor guía será aquello que te haga sonreír. No importa cuantos años tengas, o las circunstancias en las que te encuentras, siempre puedes iniciar la búsqueda de tu propósito, recuerda que construir la vida que deseas no es una carrera, ni una competencia, es tu propia aventura y tu eres quien está en control de ella.

Gracias por leerme, hasta la próxima semana.

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