Resiliencia, crecer tras la adversidad

Hace un par de años mientras esperaba el metrobus recibí un mensaje de un conocido de mi mejor amiga que me invitaba a participar en una brigada educativa a la sierra de Oaxaca. En aquel momento no lo sabía, pero aquella sería una experiencia memorable que determinaría en muchos sentidos mis decisiones de ese año. El objetivo de dicha brigada era ir con un grupo interdisciplinario a una preparatoria para que durante una semana diéramos una serie de talleres de habilidades psicoemocionales. El proyecto me encantó y en menos de una semana estaba yo en una camioneta viajando por las intrincadas carreteras del Estado de Oaxaca.

Para darme un poco de contexto del porqué iríamos a ahí se me informó que la escuela a la que íbamos había estado de luto dos veces en aquel ciclo escolar. La primera a causa de un accidente en el río y unos meses antes por un suicidio. Me contaron que aun cuando los alumnos habían recibido cierto apoyo psicológico hasta ese momento nadie se había detenido a trabajar con los maestros. Es por ello que nos esperaban con ansia, porque entre muchas cosas se sentían sin herramientas para trabajar con sus chicos.

DL_Resiliencia_Crecer_Tras_La_Adversidad_1Aquella semana fue una semana intensa, alejados de todo, en medio de unas montañas vestidas de mil tonos de verde, nos topamos con seres llenos de cicatrices, incapaces de nombrar lo que sentían y con una carga emocional enorme. Un momento que para mi significó mucho y quedó muy grabado en mi corazón fue cuando replicamos un ejercicio de empatía. Si has visto la película Escritores de la libertad (Freedom writers 2007) sabrás que hay una escena crucial para la historia donde la profesora Erin Gruwell coloca una cuerda al centro del salón y pide a los alumnos que den un paso al frente si la afirmación que ella hace aplica para ellos. Este ejercicio abre a sus participantes a ver algo más que sus diferencias y representa un parteaguas para el desarrollo de la historia.

Para nosotros fue un poco diferente, mientras estábamos ahí en medio del campo de fútbol con una cuerda amarilla en el piso esperando a aquellos jóvenes no estábamos seguros de lo que veríamos. Los chicos llegaron, pronto tuvimos una fila de 50 jóvenes que nos observaban. Comenzamos la actividad y poco a poco los chicos fueron dando pasos al frente y hacia atrás de acuerdo con lo que escuchaban. Nuestras afirmaciones iban desde “Me gusta la escuela”, “Extraño a mis papás” hasta “No puedo confiar en nadie” o “No lograré nada en la vida”. Pero el momento doloroso para todos, fue cuando de la voz de unos de mis compañeros salió la afirmación “Tengo ganas de vivir” y observamos al menos a 4 de aquellos chicos no dar un paso al frente.

Nadie dijo nada en aquel momento, era parte de las reglas, pero al final del día nos inquietó lo que observamos. Hablar de resiliencia en un contexto así era totalmente necesario, la posibilidad de nombrar y sobre todo de espejear con ellos todas las emociones vividas, se convirtió en un bálsamo y me gusta pensar que en una nueva forma de leer la experiencia.  En aquella semana la directora, una mujer joven, delgada, pequeña y menuda de piel morena, nos compartió mucho de lo que había sentido y vivido durante ese ciclo escolar. La necesidad que sentía a veces de amarrarse a cada uno de esos chicos a la cintura para no perderlos de vista. Aquella mujer de ojos negros era más resiliente de lo que ella creía, y sin embargo, mientras compartíamos con ellos esos ojos se llenaban de lágrimas.

DL_Resiliencia_Crecer_Tras_La_AdversidadHasta ahora mi mejor manera para explicar la resiliencia es pensar en una esponja de baño, de esas que tienen forma de animales. Uno puede tomarla y estrujarla, llenarla de agua y jabón, exprimirla y enjuagarla. Sin embargo, no importa cuántas veces la apretemos entre nuestras manos eventualmente la esponja volverá a su forma original. Lo mismo sucede con nosotros cuando pasamos por un momento difícil, nos sentimos estrujados, exprimidos, llenos de cosas que no nos pertenecen. Pero con algo de tiempo procesamos los sucesos y volvemos poco a poco a ser nosotros mismos, con la gran diferencia de que nuestras experiencias, sobre todo las más duras de pasar, contribuyen a nuestro crecimiento y si así lo decidimos nos permiten adquirir aprendizajes que contribuyen a nuestro desarrollo personal. Creo que la resiliencia no se trata de actos heroicos de supervivencia, se trata de nuestra capacidad de interpretar aquello que sucede en nuestras vidas y cómo aprendemos de ello para reconstruirnos de la mejor manera.

Para mi esa mujer cuyo largo cabello negro tranzaba con listones de colores a la usanza de la región, es el mejor ejemplo de lo que permite la resiliencia. Pues contra todo y después de las duras experiencias que había pasado aquel año, seguía creyendo en su trabajo con aquellos jóvenes y en que podía contribuir a sus vidas con la educación que día a día impartían en las aulas. Al final una semana fue muy poco tiempo para todo lo que se necesitaba, sin embargo, tuvimos la fortuna de espejearnos y mirarnos en las experiencias de los otros, con todas las diferencias, pero sobre todo con las emociones humanas que tenemos en común. No sé si contribuimos mucho o poco, pero sé que sembramos una semilla para fortalecer a aquellos que tuvimos la oportunidad de tocar.

 

Hoy se cumple un mes de un sismo que nos ha dejado huellas muy profundas, cicatrices que aun vemos en las calles de la ciudad. Por eso, creo que hoy es un buen momento para recordad que la resiliencia es parte de la naturaleza humana, que somos capaces de adaptarnos y reconstruirnos, pero sobre todo que el compartir con otros nos ayuda a sanar.

Gracias por leerme, hasta la próxima semana.

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