Hace un par de semanas tuve la oportunidad de facilitar una sesión para una organización, el objetivo era invitarlos a trabajar en equipo y obtener información de aquello que ellos consideraban que no estaba funcionando. Uno de los descubrimientos más interesantes que encontramos fue la percepción que tenían los colaboradores respecto al crecimiento de la organización, para ellos el desarrollo que habían tenido los había hecho perder el trato caluroso que percibían. Tenían una idea nostálgica e idealizada del pasado y una mala percepción de las condiciones actuales en las que identificaban únicamente las desventajas, pero no podían observar los beneficios que habían ganado con el cambio. Su resistencia generaba entonces obstáculos en lugar de oportunidades y aun cuando las condiciones habían mejorado, la percepción al respecto no coincidía.
Asumir un cambio requiere un proceso, y mucho trabajo interno, implica alinear tus expectativas y tener claridad entre las cosas que puedes y no puedes controlar. Es normal sentir añoranza por las circunstancias pasadas, sin embargo, no puedes quedarte ahí, pues de esa forma no lograrás asumir el presente. Por ello es necesario pasar a hacer un análisis sobre las cosas que puedes y tienes que soltar y aquellas que vale la pena mantener. Cómo comentamos en un artículo anterior todo cambio implica una pérdida, y eso significa vivir un proceso de luto en que podamos dejar aquello que ya no es, pero también poder ver las lecciones, personas o herramientas que ese pasado nos dejó y que ahora podemos utilizar para enfrentar el nuevo cambio.
La comunicación es otro punto clave cuando algo cambia a nuestro alrededor. Ser honesto contigo mismo y con los demás sobre las emociones que te produce, las dudas e inseguridades que te genera y las incomodidades que te hace sentir, te ayuda a poder asimilarlas de mejor manera, encontrar las herramientas necesarias para afrontarlas, y saber si en algún momento es necesario pedir ayuda.
Es importante entender que el cambio es una constante, nos modificamos continuamente y nuestro entorno se modifica aun más. Una de las habilidades más necesarias en el siglo XXI es justamente nuestra capacidad de adaptarnos al cambio, es ella la que nos permitirá sacar provecho a los avances del mundo y a su vez poder responder a nuestras necesidades y las del contexto. A lo largo de nuestra vida atravesamos por muchos cambios, algunos son nuestra decisión y otros muchos no lo son. Aprender a dejar ir aquello que ya no es, recuperar lo valioso y movernos hacia el presente te ayudará a generar una mejor relación con el cambio y a ver las transformaciones como nuevas oportunidades.
Gracias por leerme, hasta la próxima semana 🙂

