Cada vez que decidimos iniciar un cambio o el entorno nos obliga a hacer un cambio, siempre nos dicen que debemos centrarnos en lo nuevo y no en el pasado, y aunque esto puede ser útil cuando el cambio es intencional, no siempre nos ayuda a afrontar el cambio de una mejor manera ni a vencer nuestra resistencia al mismo. La razón es muy simple: todos los cambios implican una pérdida.
1.- Fase de negación: Primero negaremos que ha ocurrido la pérdida, insistiremos en que no ha sucedido y nos resistiremos a verla.
2.- Fase de enfado, indiferencia o ira: El descontento se apoderará de nosotros, en este momento nos damos cuenta de que no podemos evitar la pérdida y nos sentiremos inconformes por ello. Buscaremos las razones o las causas y sobre todo a quien o qué echarle la culpa. Podemos mostrar nuestra inconformidad con enojo, indiferencia o ataques de ira.
3.- Fase de negociación: En este momento intentamos negociar con nosotros mismos y con el entorno, buscamos encontrar una solución a la pérdida aun cuando no haya ninguna.
4.- Fase de dolor emocional: Aquí experimentamos la tristeza por la pérdida, en esta etapa sentiremos el dolor que implica no tener lo que se fue, es el mejor momento para llorar todo lo que sea necesario. También pueden darse periodos depresivos que deben ceder con el tiempo.
5.- Fase de aceptación y reacomodo: Es el momento en que nos hacemos consientes de la pérdida y la asumimos como inevitable. Implica cambiar nuestra visión de nuestro presente, asimilando la vida sin lo que hemos perdido, reacomodando así nuestra percepción del mundo desde una nueva perspectiva.
Cada cambio trae consigo retos y oportunidades que pueden sacarnos de nuestra zona de confort y que nos harán resistirnos. Sin embargo, Todos los cambios nos llevan a nuevos caminos y pueden ser grandes oportunidades de crecimiento, todo depende de cómo queramos pararnos frente a ellos. Cuando algo cambia tenemos que reconocer que estamos perdiendo algo, nombrarlo, observarlo y tenerlo claro, para poder así apreciar lo que fue y dejar ir. Soltar lo viejo para invitar lo nuevo y construir lo que queremos ver en nuestro futuro.
Gracias por leerme, hasta la próxima semana 🙂

