“Sigue tu miedo” fue una frase que resonó conmigo en cuanto lo escuché. Inicié este mes en medio de la sierra de Oaxaca, en un taller sobre el arte del liderazgo participativo. Sobra decir que quedé encantada de todo lo que aprendí y viví durante esa semana. Y una de las cosas que bajó conmigo de la sierra fue justo esa frase que nos compartió una de las entrenadoras, cuando nos contaba sobre su experiencia haciendo teatro improvisado. Uno de los principios de la improvisación es ese: Sigue tu miedo.
Ya lo he dicho antes, el miedo en sí mismo no es malo y juega un papel valioso, pero debemos aprender a escucharlo, no para paralizarnos sino como una forma de conocernos mejor. Saber en dónde están nuestros mayores miedos nos puede ayudar a entender las decisiones que tomamos y los parámetros en que nos movemos, seguir nuestro miedo nos ayuda observar las posibilidades que esconde y en muchos sentidos a vislumbrar con claridad nuestras propias barreras. Conocernos de esta forma puede ser una forma de empujarnos a probar nuevas experiencias.
En un mundo de creciente incertidumbre, aprender a relacionarnos de una manera diferente con el miedo que ello implica se convierte en una habilidad necesaria para el futuro. Usar el miedo como una herramienta a nuestro favor nos permite entendernos a profundidad y nos ayuda a romper nuestras propias fronteras. Tal vez no logremos superar un miedo a la primera, a veces podemos darnos cuenta de que necesitamos desarrollar otras habilidades primero, pero saber eso te pone ya en la ruta de un crecimiento personal que no tendrías si decidieras que ese miedo es insuperable.
Si quieres aprender a escuchar tu miedo puedes comenzar pensando en algo que no te has atrevido a hacer, preguntante ¿Quién serías o qué harías si ese miedo no existiera? Si te gusta la respuesta tal vez valdría la pena intentar empujar ese límite y darte la oportunidad de vivir la aventura que está después del miedo.
Gracias por leerme, hasta la próxima semana

