Hoy tuve una reunión con mi contador, y mientras revisábamos tablas de Excel y me explicaba los detalles de los números y las cuentas, me llamó la atención el cariño, y sobre todo, el entusiasmo que le inspiraba hablarme de “cuadrar números” y “jugar con el presupuesto”. Sus ojos se iluminaban y no podía evitar sonreír ante la perspectiva de una tabla de Excel llena de números. Me queda claro que para muchos esas tablas pueden ser una pesadilla, sin embargo, me pareció bastante obvio que para él eran más bien un buen pretexto para divertirse.
En los últimos días he conversado con varias personas con trabajos donde la diversión y el entusiasmo no existen que, a diferencia de mi contador, dedican sus días a actividades que no les generan genuino interés, y el sentimiento de frustración y decepción que expresan me hizo sentir que hay una gran cantidad de talento desperdiciado entre ellos. Entiendo que las circunstancias personales no siempre permiten seguir los caminos que quisiéramos, pero tomar la decisión dejar ir el entusiasmo por completo puede ser muy riesgoso en el largo plazo, sobre todo porque implica un desgaste emocional enorme, además de que te lleva a un mal desempeño y deja muy de lado la expresión de tu potencial.
Tus pasiones son sólo tuyas, por eso, ese Elemento como lo llama Ken Robinson es totalmente diferente para cada uno de nosotros, para algunos puede ser la música o la escritura, o para otros pueden ser los números en una tabla de Excel o trabajar en una oficina. Ninguno es mejor que otro, lo importante es que sea realmente propio, lo que entusiasma a unos no necesariamente entusiasma otro. Por ello el abanico de quehaceres humanos es tan amplio, es gracias a esa diversidad que las expresiones humanas han logrado tantas maravillas.
Tus sueños, tus deseos y tus pasiones están ahí por una razón. Si más personas siguieran su entusiasmo y dedicarán sus días a explotar su Elemento veríamos realmente el potencial humano. Atreverse a seguir tu pasión requiere valor, pero la diferencia en el largo plazo es mucha. La invitación de hoy es simple: Haz aquello que te hace feliz
Gracias por leerme, hasta la próxima semana.

