Hace justo un año me encontraba involucrada en un proyecto que estaba liderado por una persona que no contaba en ese momento con las habilidades necesarias para coordinar un equipo. No demostraba interés por los colaboradores, era incapaz de admitir las cosas que desconocía, no confiaba en el equipo y tampoco demostraba activamente su colaboración. Cómo resultado el avance del proyecto se hacía lento, pronto surgieron desacuerdos y las imposiciones se hicieron notar. Sumado a esto el proyecto comenzó a sufrir altibajos y una creciente necesidad de apagar bomberazos. Recuerdo un momento crucial en el que la mayoría de los colaboradores estábamos inconformes con la manera en que se estaba valorando nuestro trabajo. Convocamos a una reunión donde expresamos cómo nos sentíamos y nuestra necesidad de saber que se estaban tratando de solucionar los problemas. La persona nos escuchó sin decir nada y ante un abierto “no sentimos que se esté valorando nuestro esfuerzo” nos respondió con un seco “Ok” y un rostro estoico. La falta total de empatía y la nula capacidad de respuesta obligó al equipo a abandonar el trabajo y en consecuencia el proyecto fracasó.
Un líder inconsciente considera su punto de vista cómo el único válido, es poco empático con sus colaboradores y carece de inteligencia emocional por lo que sus decisiones están basadas en emociones temporales y pueden cambiar constantemente. Este tipo de líder tiende a tener favoritismos, no ve el desarrollo del equipo como una de sus responsabilidades y no se interesa por conocer a sus colaboradores. Así mismo, es asiliente y no es capaz de admitir sus errores, genera poca confianza en el grupo y prefiere incentivar la competencia. Le cuesta mucho trabajo validar los talentos o aciertos de otros y tiene poca coherencia entre lo que dice y hace.
Cómo escribía la semana pasada todos podemos encontrarnos en una posición de liderazgo en algún punto, y está en nosotros decidir cuál es el tipo de liderazgo que queremos ejercer. Esto no significa que tenemos que ser perfectos para ser líderes, pero si podemos trabajar nuestra inteligencia emocional y tener muy claro nuestros talentos y nuestras debilidades de forma que podremos generar liderazgos más conscientes y por consiguiente mejorar al desarrollo de los grupos de los que formamos parte.
¿Qué tipo de liderazgo ejerces?
Gracias por leerme, hasta la próxima semana 🙂

