Hace un par de semanas una amiga me contaba que había estado en una boda y que, durante el brindis, la mamá de la novia se levantó con seriedad y dio un discurso que la dejó pensando.
“La señora -me dijo- se paró con la copa y comenzó diciendo que había esperado hasta ese día para darles ese consejo a los novios. Les dijo que ser un matrimonio no era una tarea fácil y les enumeró los retos que tendrían que pasar, al final les dijo que la clave para un matrimonio feliz estaba en el “tonito”. Que la manera en qué se dijeran las cosas haría toda la diferencia entre dormir juntos o que alguien terminara en el sillón”.
Para mi amiga aquello fue muy revelador, pues no se había detenido a pensar cuan importante era la forma como decimos las cosas y no sólo el contenido de lo comunicado. Muchas veces damos por hecho que lo dicho con palabras es lo único importante. Sin embargo, cuando nos comunicamos, sólo el 10% de nuestra comunicación es verbal, el 70% es lenguaje no verbal, nuestras micro expresiones y gestos, y el 10% corresponde a nuestra comunicación paraverbal, es decir, la intención con la cual decimos las cosas, o el “tonito”.
Su función es complementar el lenguaje verbal para ayudar a su comprensión. Así, el lenguaje paraverbal tiene varias características:
- Volumen
- Ritmo
- Tono de la voz
- Repeticiones o reiteraciones de palabras o frases
- Enlaces o conectores entre oraciones
- Sonidos y silencios
Después de una larga charla, mi amiga y yo concluimos que aquel había sido un gran consejo, pues es muy común en las parejas (y en las relaciones en general) los conflictos por cómo se dijeron las cosas. Entonces, si alguien te hace notar que la forma como has dicho las cosas le ofendió o le hizo sentir incómodo, no lo minimices, siempre vale la pena observar el lenguaje paraverbal en nuestra comunicación; tal vez no está diciendo lo que te gustaría.
Gracias por leerme, hasta la próxima semana 🙂

