Si buscas la palabra líder en las imágenes de Google, tendrás como resultado, en su mayoría, imágenes de un hombre, normalmente en traje, al frente de un grupo de personas mostrándose seguro, sonriente y decidido. Aparecen también algunas imágenes que contrastan lo que es un líder de un jefe o aquellas que muestran al líder subiendo la montaña con un grupo de seguidores tras sus pasos. Todos estamos familiarizados con la noción del líder carismático, nos hemos acostumbrado a pensar que el liderazgo va de la mano con una persona que derrocha confianza, es excelente para hablar en público y tiene una capacidad innata para convencer a otros y sumarlos a su causa, muy al estilo de Steve Jobs.
Todos tenemos un grupo de influencia del que podemos o no estar conscientes, puede ser desde tu familia, tu grupo de amigos, tus compañeros de trabajo o simplemente las personas con las que tienes contacto de vez en cuando. Cuando yo empecé a trabajar con temas medioambientales una de las primeras cosas que sucedieron es que comencé a hacer cambios mis hábitos entre ellos dejé de usar popotes. Recuerdo de al principio era la cosa más extraña del mundo, más de uno en mí círculo más cercano me miraba sin entender qué importancia podría tener eso. Recuerdo incluso que una vez en la comida con un amigo tuvimos una larga discusión sobre el tema en la que no logré convencerlo con mis razones, al grado que al día siguiente me mandó una fotografía con un vaso de agua con dos popotes y la leyenda “en tu honor”.
El líder no es aquella persona en grandes escenarios o en altos puestos, el líder puede ser cualquier padre de familia, la tía que enseña a sus sobrinos, el amigo que ayuda a cambiar perspectivas o el miembro de la comunidad que sugiere nuevas ideas. Todos tenemos el potencial de ser líderes de distintas formas y desde lo que somos y sabemos. Si vemos el liderazgo desde una perspectiva más amplia podríamos como comunidad humana aprovechar los talentos de todos los miembros de forma tal que nos acostumbráramos a estar dispuestos a guiar y ser guiados en la misma medida. Cuando el liderazgo puede ser asumido por cualquier miembro del grupo, se evitan nichos de poder y más perspectivas se suman a la conversación. De esta forma podemos aprovechar mejor la inteligencia colectiva y los talentos individuales.
A ti ¿Cómo te gustaría influir en las personas que te rodean?
Gracias por leerme, hasta la próxima semana

