Últimamente han sido días cansados y no necesariamente por la carga de trabajo, por alguna razón mi cuerpo ha estado pidiendo tiempo para parar y tomarse un momento para estar. Me he dado cuenta de que durante esta cuarentena mi energía ha sido toda una montaña rusa, hay días en que estoy segura de que podría subir la montaña mas alta, que me siento lista para conquistar el mundo y que tengo tanta claridad y motivación para hacer cosas que termino mi lista de tareas mucho antes de lo esperado. En contraste me he topado con días en los que salir de la cama es todo un logro en sí mismo, dónde mi energía se encuentra por los suelos y nada de lo que tengo que hacer es suficientemente inspirador para que quiera hacerlo.

Estoy segura de que no he sido la única a quien le ha pasado y que todos hemos estado teniendo días buenos y malos. Sentir esta inconsistencia a veces puede resultar frustrante o preocupante, sobre todo cuando tenemos trabajo que hacer y fechas límites que cumplir. Sin embargo, es bueno recordar que tenemos un ritmo interno que nos ayuda a regular las necesidades de nuestro cuerpo y nuestra mente, y en momentos tan extraordinarios como los que estamos viviendo en este 2020 vale la pena aprender a escucharlo.

Vivimos en un mundo que nos dice que tenemos que estar en constante acción, que nos llena de mensajes diciendo que la productividad 24/7 es la única manera de ser exitoso y es el único estilo de vida que podemos tener, aun en medio de una pandemia. Socialmente celebramos a aquellas personas que pierden horas de sueño por trabajar, o que renuncian a momentos familiares por la constante carga de trabajo. Validamos a aquellos que se “sacrifican” para cumplir la lista de pendientes y tendemos a creer que la mejor manera de mostrar el trabajo duro son nuestras ojeras o cuan exhaustos podemos llegar a estar, pero ¿Qué tan cierto es eso? ¿Estamos realmente diseñados para mantener ese ritmo? ¿Qué hay de malo en tomarse un momento para parar?

En lo personal me encanta la administración del tiempo, por alguna razón la encuentro fascinante y me he dedicado a buscar y aprender muchos métodos y sistemas que prometen ser la solución definitiva. Sin embargo, en esta búsqueda me he dado cuenta que hay algo más alrededor de la idea de ser productivo, no se trata sólo de cuantas cosas puedes hacer en un día sino de la intención y la razón por las que las estás haciendo. No es un tema de cantidad, si no de calidad. Y es por ello que, creo firmemente en usar el tiempo con intención, en que aquellas cosas que haces día con día sumen a tu bienestar y a la vida que quieres construir, y eso incluye a tu cuerpo.

La naturaleza es muy sabia, de forma orgánica tiende al equilibrio. Cada una de sus facetas y sus estaciones tiene una razón de ser en el ciclo y todas buscan mantener ese equilibrio. En le mundo natural, hay momentos de crecimiento, de acción, de creación, pero también hay momentos de reposo, de aguardar, de descanso. Nuestro cuerpo tiene esa sabiduría, pero nuestro estilo de vida nos desconecta constantemente de él. Cada uno de nosotros tiene un ritmo propio, hay momentos del día en los que tienes más energía, hay días de la semana en los que te sientes más activo e incluso cierto tiempo del mes en que eres más creativo, aprender de ello te ayuda a trabajar con tu cuerpo y no en contra de él. Es entender tus focos rojos y descubrir lo que necesitas tanto física como mentalmente.

Por ello, en esos días en que mi cuerpo parece no querer moverse, mi mayor recurso es paciente conmigo y aprender a escuchar ¿Qué me está diciendo? ¿Cómo se siente? ¿Qué quiere mostrarme que no estoy viendo?  ¿De qué me estoy olvidando? Normalmente me hace descubrir cosas sobre mi o lo que estoy haciendo, es una gran brújula para volver a sentirme en mi centro y cuidar mejor de mí. Recuerda que la naturaleza tiende al equilibrio lo que significa que si no te das tiempo para descansar o para escuchar las necesidades de tu cuerpo y mente, encontrarán la manera de hacerte parar y a veces puede ser de una forma muy drástica. Al final aprender a cuidar de nosotros es la mejor forma que tenemos para amarnos y poder dar a los demás nuestra mejor versión.

Gracias por leerme, hasta la próxima semana.

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