Hoy es el día internacional de la mujer y es un día que me genera muchas emociones. Desde hace más de 8 años pertenezco a la Red de Promotoras de Derechos Humanos de las Mujeres, un programa desarrollado por el Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México cuyo objetivo es capacitar a mujeres de la comunidad sobre perspectiva de género y la Ley de Acceso a una Vida Libre de Violencia, de la Ciudad de México. La meta es que aquellas mujeres pertenecientes a la red sean capaces de ayudar a otras mujeres que se encuentran en alguna situación de violencia.
Pertenecer a este programa me ha hecho ser muy sensible al tema de género. He escuchado historias de mujeres de todo tipo, me he conmovido y he llorado con ellas. Son historias que demuestran el lado mas crudo de la violencia de género, aquel en que un hombre puede poner un cuchillo en el cuello de una mujer “porque es su esposa”, o en el que una madre debe esconderse junto a su hijo bajo la cama por miedo al ataque de ira de su pareja, un miedo tan grande que tiene que pedir a un niño de 7 años hacerse en los pantalones porque no es seguro salir al baño.
Con el tiempo me he encontrado con que todas tenemos historias de violencia que contar, unas más graves que otras, pero todas podemos relatar un momento de acoso, un momento en que nos hemos sentido vulneradas, situaciones en las que nos han hecho menos por nuestra condición de mujeres, dónde nuestra voz no ha sido escuchada. Basta con ver en redes sociales los hashtags #MiPrimerAcoso o #ALosHombresTambiénLesPasaEso para tener cientos de testimonios de mujeres alrededor del mundo. Historias que no deberían de existir.
Y, sin embargo, hoy tenemos cifras aterradoras que dicen que en México cada día mueren en promedio 7.5 mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Por eso, para mí el Día Internacional de la Mujer no se trata de felicitaciones. Por el contrario, es un día en el que se conmemora la lucha por la igualdad de derechos y en el que se busca visibilizar la brecha que aun debemos superar para poder ejercer nuestros derechos en condiciones de verdadera igualdad y sin violencia. Dónde ser mujer no te ponga en peligro de muerte, porque no es una exageración, ni un cuento que ocurre en algún lugar lejano. Sucede todos los días en nuestros círculos más cercanos.
Las palabras importan porque dejan huellas y enseñan patrones que enmarcan la manera en que nos relacionamos. Cuando a los niños les decimos “los hombres son fuertes”, o que “llorar es de nenas”, les enseñamos a ocultar y rechazar emociones que después pueden convertirse en violencia. Es necesario cuestionar las masculinidades que mantienen a los hombres incapaces de expresar sus sentimientos y a las mujeres como objetos. Debemos cuestionar esos roles de género que determinan formas de comportamiento, y comenzar a construir entornos dónde cada uno pueda decidir y desarrollarse de manera libre, eligiendo las identidades y los roles que desea seguir, basados en el respeto y la igualdad de oportunidades.
Hay mucho que trabajar para erradicar la violencia de género y alcanzar verdaderas condiciones de igualdad, dónde todos podamos ejercer nuestros derechos con libertad.
Hoy conmemoramos que hay muchas (y muchos) dispuestas a seguir alzando la voz para construir mejores horizontes, para continuar la lucha y generar la sororidad y la fraternidad que nos permita apoyarnos los unos a los otros, y romper con los patrones que limitan nuestras capacidades, tanto de mujeres como de hombres, permitiéndonos ser en libertad y sin violencia.
Gracias por leerme, hasta la próxima semana

